domingo, 3 de abril de 2016

Relatos de un pasado y la nada

Mis queridos lectores, acá les dejo uno breves relatos que he escrito en la mitad de la noche con las canciones correctas y los pensamientos distantes. Los relatos no se conectaran, ni relataran una gran historia, solo cuentan aquello que mi mente no entendió y mis palabras crearon. Gracias por su tiempo y paciencia, espero que les guste.

Atte, T.A.

Copo de nieve

Fue el reposar de un copo de nieve en mi nariz y el atrapar de ese momento en una cámara, para siempre, eso fue conocerte. 
No era posible, porque esos momentos no existen, son momentos bailados en tinta, son perfectos ya que son infinitos. 
No iba a obtener mi beso que me quitara el aire de mis pulmones, el roce de manos que reviviera mi corazón como si fuera primavera, eso lo acepte cuando el cuento dijo esas tres letras.  Fin.
Tu y yo, no existía, existía el y yo, nunca la otra opción puesto que eras un sueño lejano en las noches de los ojos abiertos.
Sin embargo en la noche que las estrellas caían y todos sacaban fotos a ellos mismos para recordar su reflejo de aquello que se escapa entre sus dedos, cuando las cámaras no podían atrapar el copo que se reposaba, tu te sentaste a mi lado y miraste el ultimo llanto del cielo, y fue solo tu presencia lo que te delato, tu presencia que era silenciosa como caminar por las tardes de otoño, que fue como el calor de un hogar en invierno, la brisa del mar en el verano y la promesa de un futuro en una primavera. 
Fue tu presencia que hablo de tu y yo, y un momento de infinito.

T.A.


La caida

Caíste ante mi como una avalancha, 
inesperado y con un ruido que debería haber sido advertencia suficiente pero lo negué cuanto tiempo tuve siendo veloz como el colibrí, nadando contra corriente como el salmon. 
Nunca queriendo aceptar que vos eras el agua en el desierto, solo en el momento de duda en el que eras una ilusión de calor en el invierno que te quise atrapar entre mis brazos para que fueras un viento de otoño que rompiera mi cuerpo en pétalos de primavera levantados en el viento de verano, el problema yacía en que lo había aceptado, había caído de espaldas al fondo del océano con vos como ancla que me hundía y no lucharía por respirar el aire salado del día en que dije adios a lo que conocía porque tus palabras y tus leves roces eran mi nuevos mundo que mantenía mis corazón palpitando. 
Caí de rodillas ante ti y te entregue un corazón con huecos de gusanos que solo latían como tambor que bailaba a tu ritmo, tus manos eran el hielo eterno en el mundo incapaz de tocarlo sin que quiebre y hunda su falsa amistad. 
El tiempo se mueve en un leve mover de arena y deseo detenerlo antes de romperme ante ti como pétalos de otoño pero por un solo segundo con vos, un solo suspiro tuyo me convertiré en cenizas de los fuegos del verano enterrados en la nieve del invierno.

T.A.



Una hoja

Para que una hoja se vuelva marrón tiene que haber pasado la primavera, pero lo nuestro fue una hoja de otoño sin promesas de un invierno perdido en el tiempo.  
Los sentimientos que convienen con la caída de la hoja, el perder tu hilo que era una guía en un laberinto se pierden como niebla y te pierdo de vista, mis manos se estiran, mis dedos fríos rozan un calor, un calor que mi corazón desea creer que es el tuyo, sin embargo, es un calor de tiempos negados y perdidos. 
No podré decirte cual es la razón por la que acepte su mano y decidí dejarte, te puedo decir que quise mirar atrás y volver en un tiempo en que éramos una hoja en el viento sin caída y sin promesas con la idea de solo tenerte.


T.A.