-Tengo secretos que no recuerdo
-Tengo traiciones que crearon secretos
-¿Cuentas tus secretos?
La sonrisa dolía en el pecho
-Aprendi a desconfiar
La música viaja por las voces que avivan el local, despiertan las mentes borrachas en alcohol, sus dedos se mueven ágiles y relatan una historia con su voz que es suave y dulce. Atrayendo y engañando a todos, una dulce tentación la gente que esta sentada y lo admira se bañan en su poder, en su grandeza. Cierran los ojos y solo escuchan el movimiento de las cuerdas con el baile tóxico de sus dedos. Era hermoso, ella que estaba escondida entre la gente y lo admiraba desde lo lejano lo sabia. No era la primera vez que había ido y sin embargo aun ella se quedaba sin palabras ante el encanto de magia que era el en el manejo de la guitarra. Las palabras con las que el seducía quedaban como eco en su memoria, un tormento en las noches de soledad y distancia de los dos.
-Necesito aire en los pulmones y paz en la mente
-Entonces vamos afuera
La puerta se abrió con el peso de su cuerpo y el crujido de las maderas viejas, le dieron la espalda a las personas que no los miraban, esa gente que aun seguía intoxicado por una música que se escapaba por la puerta abierta. Ese día no era un día de sol, las nubes ocultaban los rayos de luz y el frío viajaba en el viento ella jugaba con el entre sus dedos, el tenia en su espalda la guitarra y la melodía de la canción silenciosa de los labios de ella y para eso no necesitaba el sol. La calle estaba silenciosa, los pasos de sus pisadas eran el arrastrar del tiempo del domingo. Había una cierta pereza en su caminar, ojos medios cerrados y promesas en sus labios. Cruzaban las calles sin verificación de autos por que había calma en la tarde con promesa de lluvia.
-¿Quieres huir?
-Si
La risa de ella fue la música que lo intoxico y el calor de su mano contra su palma fue el calor que quemo su piel, pero un calor que el no soltaría. Un calor por el cual moriría. Ella lo agarro fuerte, con el deseo de no soltar, y corrió, corrió veloz y ágil doblando las esquinas sin avisos y saltando los obstáculos que se les presentara, la necesidad de llegar al objetivo en el latir de sus corazones, el paisaje del que huían desapareciendo en visiones enfrente de sus ojos, el verde mezclandose con el rojo y perdiéndose los sentidos y en esos momentos el creía escuchar los comienzos de una nueva canción que tuviera notas de felicidad y amistad.
Al lugar que llegaron, no había forma fácil de llegar, y sin embargo. Ella solo sonrío con los secretos en sus ojos y abrió la puerta, soltando su mano y retándolo a ser mas rápido que su sombra y perseguirla, subir escaleras que temblaban con el cansancio y amenazaban con la caída pero el seguía constante con el eco de sus pisadas tras de ella, una mano estirada. Incapaz de ver debajo de el, al vacío del circulo caracol de las escaleras, solo mirando adelante arriba, donde ella lo esperaba y no lo abandonaba. El la alcanzo con los dedos estirados que se agarraron de su muñeca y la atraparon con una felicidad que liberaba su corazón y ella le abrió la puerta a un lugar que le liberaba el aire de sus pulmones y le traía vida a sus venas. Una puerta rústica con el crujir del pasado, daba paso al secreto de las alturas, un jardín de los colores de la vida en el techo de un edificio oculto entre los gigantes de la ciudad, se saco las zapatillas para sentir la caricia del pasto entre sus dedos y oler el aroma a primavera en las flores que brillaban en los leves rayos del sol que escapaban de las nubes. Ella cayo con el en su imitación.
-Los logros de la soledad y el aburrimiento
Cayeron en sincronización y en admiración de la belleza que podían admirar en las nubes.
-Apolo, ¿Me dirias un secreto?
-¿Me puedes prometer un mañana?
Ella lo miro y sonrío, la sonrisa que ocultaba sus ojos y hablaban de la sabiduría en su torpeza. De la sabiduría que ella aprendió de sus dolores que buscaba. Se paro con la intoxicación de vida y recorrió el techo con ojos que buscaban en el arco iris, el corazón de el se detuvo cuando ella se paro en el borde, donde la enredadera de los enamorados se complicaba ahi, ella bailo con el equilibrio hasta que se detuvo. Se agacho con la valentía de espalda al vacío y estiro sus dedos largos y desequilibrados hacia el color oculto ente el verde y el rojo, ahi ella acaricio y atrapo el secreto que le entrego a el en su mano. Una flor con el color de las nubes de primavera y las promesas de la pureza del azul, el sol escondido en el centro de los pétalos. Una no me olvides.
-¿Que quieres saber?
-Lo que tu quieras decirme
Entrelazo la flor en sus dedos y cerro los ojos pensando en los secretos que construían su alma, aquellos secretos que se creaban de polvo y se perdieron en la memoria. Demasiado tiempo escondidos en el pasado y temerosos de la traición de los humanos. Ella lo miraba mientras sus dedos buscaban flores cuales entrelazar y unir en una promesa de belleza, ella tenia el tiempo para esperar por el hasta que los colores del techo los dejaran y la nieve reinara. Ella por el esperaría. Cuando el abrió los ojos, el vio a una diosa, el veneno de la azalea. El pelo de la noche liberado en el juego del viento y adornado con la corona del arco iris que se mezclaba con la dulzura de su aroma.
-Dime tu secreto y te digo el mio
-Le temo a un mañana sin ti
Nunca había pronunciado esas palabras, ella siempre estaba lista para el adios, para el abandono, para el recuerdo de las pisadas en la arena. Siempre con la falsa valentía de la soledad, nunca aceptando el temor en la soledad, en la confianza que ella depositaba en aquellos que la crearon para quebrarla. No obstante, en el ella creía. Ella creía que el dolor que el creara valdría la alegría que el daría. Miro al cielo cuando cayo la primera lagrima del cielo, que irónicamente cayo en su ojos. Demostrando los dolores del pasado.
-No se que hacer de mi vida
-Esta bien, todos estamos fingiendo que sabemos
Entrelazaron los dedos y le sonrieron a las gotas de la lluvia.
-Y si algún día me pierdes, yo te buscare y te encontrare
Ella saco del bolsillo de su morral, vieja y arruinada, en el bolsillo que no le importaba arreglar, de ahi sin dificultad saco su celular y cuando puso el celular en el pasto y las notas de la dulce melodía de la canción que ella nunca compartió de su amor por ella con nadie. Ella le ofreció la mano, mojada en lagrimas del cielo y la suavidad de su piel, el la tomo y deseo prometer un por siempre de dedos entrelazados y la agarro de la cintura para bailar con ella, bajo la lluvia con sonrisas en la caras. Y heridas que se cerraban en dos corazones que latían al compas. El eco de la canción en sus oídos.
"Il vous aime, c'est secret, lui dites pas que je vous l'ai dit"
Tu vois, quelqu'un m'a dit...
-Tengo traiciones que crearon secretos
-¿Cuentas tus secretos?
La sonrisa dolía en el pecho
-Aprendi a desconfiar
La música viaja por las voces que avivan el local, despiertan las mentes borrachas en alcohol, sus dedos se mueven ágiles y relatan una historia con su voz que es suave y dulce. Atrayendo y engañando a todos, una dulce tentación la gente que esta sentada y lo admira se bañan en su poder, en su grandeza. Cierran los ojos y solo escuchan el movimiento de las cuerdas con el baile tóxico de sus dedos. Era hermoso, ella que estaba escondida entre la gente y lo admiraba desde lo lejano lo sabia. No era la primera vez que había ido y sin embargo aun ella se quedaba sin palabras ante el encanto de magia que era el en el manejo de la guitarra. Las palabras con las que el seducía quedaban como eco en su memoria, un tormento en las noches de soledad y distancia de los dos.
-Necesito aire en los pulmones y paz en la mente
-Entonces vamos afuera
La puerta se abrió con el peso de su cuerpo y el crujido de las maderas viejas, le dieron la espalda a las personas que no los miraban, esa gente que aun seguía intoxicado por una música que se escapaba por la puerta abierta. Ese día no era un día de sol, las nubes ocultaban los rayos de luz y el frío viajaba en el viento ella jugaba con el entre sus dedos, el tenia en su espalda la guitarra y la melodía de la canción silenciosa de los labios de ella y para eso no necesitaba el sol. La calle estaba silenciosa, los pasos de sus pisadas eran el arrastrar del tiempo del domingo. Había una cierta pereza en su caminar, ojos medios cerrados y promesas en sus labios. Cruzaban las calles sin verificación de autos por que había calma en la tarde con promesa de lluvia.
-¿Quieres huir?
-Si
La risa de ella fue la música que lo intoxico y el calor de su mano contra su palma fue el calor que quemo su piel, pero un calor que el no soltaría. Un calor por el cual moriría. Ella lo agarro fuerte, con el deseo de no soltar, y corrió, corrió veloz y ágil doblando las esquinas sin avisos y saltando los obstáculos que se les presentara, la necesidad de llegar al objetivo en el latir de sus corazones, el paisaje del que huían desapareciendo en visiones enfrente de sus ojos, el verde mezclandose con el rojo y perdiéndose los sentidos y en esos momentos el creía escuchar los comienzos de una nueva canción que tuviera notas de felicidad y amistad.
Al lugar que llegaron, no había forma fácil de llegar, y sin embargo. Ella solo sonrío con los secretos en sus ojos y abrió la puerta, soltando su mano y retándolo a ser mas rápido que su sombra y perseguirla, subir escaleras que temblaban con el cansancio y amenazaban con la caída pero el seguía constante con el eco de sus pisadas tras de ella, una mano estirada. Incapaz de ver debajo de el, al vacío del circulo caracol de las escaleras, solo mirando adelante arriba, donde ella lo esperaba y no lo abandonaba. El la alcanzo con los dedos estirados que se agarraron de su muñeca y la atraparon con una felicidad que liberaba su corazón y ella le abrió la puerta a un lugar que le liberaba el aire de sus pulmones y le traía vida a sus venas. Una puerta rústica con el crujir del pasado, daba paso al secreto de las alturas, un jardín de los colores de la vida en el techo de un edificio oculto entre los gigantes de la ciudad, se saco las zapatillas para sentir la caricia del pasto entre sus dedos y oler el aroma a primavera en las flores que brillaban en los leves rayos del sol que escapaban de las nubes. Ella cayo con el en su imitación.
-Los logros de la soledad y el aburrimiento
Cayeron en sincronización y en admiración de la belleza que podían admirar en las nubes.
-Apolo, ¿Me dirias un secreto?
-¿Me puedes prometer un mañana?
Ella lo miro y sonrío, la sonrisa que ocultaba sus ojos y hablaban de la sabiduría en su torpeza. De la sabiduría que ella aprendió de sus dolores que buscaba. Se paro con la intoxicación de vida y recorrió el techo con ojos que buscaban en el arco iris, el corazón de el se detuvo cuando ella se paro en el borde, donde la enredadera de los enamorados se complicaba ahi, ella bailo con el equilibrio hasta que se detuvo. Se agacho con la valentía de espalda al vacío y estiro sus dedos largos y desequilibrados hacia el color oculto ente el verde y el rojo, ahi ella acaricio y atrapo el secreto que le entrego a el en su mano. Una flor con el color de las nubes de primavera y las promesas de la pureza del azul, el sol escondido en el centro de los pétalos. Una no me olvides.
-¿Que quieres saber?
-Lo que tu quieras decirme
Entrelazo la flor en sus dedos y cerro los ojos pensando en los secretos que construían su alma, aquellos secretos que se creaban de polvo y se perdieron en la memoria. Demasiado tiempo escondidos en el pasado y temerosos de la traición de los humanos. Ella lo miraba mientras sus dedos buscaban flores cuales entrelazar y unir en una promesa de belleza, ella tenia el tiempo para esperar por el hasta que los colores del techo los dejaran y la nieve reinara. Ella por el esperaría. Cuando el abrió los ojos, el vio a una diosa, el veneno de la azalea. El pelo de la noche liberado en el juego del viento y adornado con la corona del arco iris que se mezclaba con la dulzura de su aroma.
-Dime tu secreto y te digo el mio
-Le temo a un mañana sin ti
Nunca había pronunciado esas palabras, ella siempre estaba lista para el adios, para el abandono, para el recuerdo de las pisadas en la arena. Siempre con la falsa valentía de la soledad, nunca aceptando el temor en la soledad, en la confianza que ella depositaba en aquellos que la crearon para quebrarla. No obstante, en el ella creía. Ella creía que el dolor que el creara valdría la alegría que el daría. Miro al cielo cuando cayo la primera lagrima del cielo, que irónicamente cayo en su ojos. Demostrando los dolores del pasado.
-No se que hacer de mi vida
-Esta bien, todos estamos fingiendo que sabemos
Entrelazaron los dedos y le sonrieron a las gotas de la lluvia.
-Y si algún día me pierdes, yo te buscare y te encontrare
Ella saco del bolsillo de su morral, vieja y arruinada, en el bolsillo que no le importaba arreglar, de ahi sin dificultad saco su celular y cuando puso el celular en el pasto y las notas de la dulce melodía de la canción que ella nunca compartió de su amor por ella con nadie. Ella le ofreció la mano, mojada en lagrimas del cielo y la suavidad de su piel, el la tomo y deseo prometer un por siempre de dedos entrelazados y la agarro de la cintura para bailar con ella, bajo la lluvia con sonrisas en la caras. Y heridas que se cerraban en dos corazones que latían al compas. El eco de la canción en sus oídos.
"Il vous aime, c'est secret, lui dites pas que je vous l'ai dit"
Tu vois, quelqu'un m'a dit...