En mi cabeza de noche soy una obra maestra, compongo las sinfonías por las que me hubieran quemado, creo la ciencia por las que hubiéramos evolucionado.
De noche soy el desafiador, es decir, soy un Dios, mi mente conjura palabras que mis dedos mecánicos no pueden articular.
De noche la ciudad es un suspiro, es el rozar del viento con el cemento, el eco de pisadas de ladrones, la bocina por cuadras vacías. Es el momento en que la poesía exhala y no estoy afuera, ni estoy dentro, estoy quieto, estoy en balcón y cama a ojos cerrados. Sintiendo el frío de los edificios cortando las ranuras de las alturas, el calor quemando en el fuego de las chimeneas, me vuelvo las risas mezcladas y el barullo de las voces que mi mente está construyendo. Soy una orquesta de lo que no sé, sólo siento, y es que la ciudad, el mundo, está pendiendo de un hilo.
Es el clímax y el bebe está por llorar, él te tarda tres minutos en estar, pero mis dedos no se apresuran a levantar la pluma, mi lengua no se muerde en recordar, mi mente recita la gran promesa de todo. Y mis ojos, mis ojos cerrados, lo llevan a los sueños de la noche y lo entierran al olvido del desconocido.
TA.