Me quedo todos los días enfrente de esta pantalla rogando porque algo salga.
Digo por favor dame vocales que yo pondré las consonantes, porque estoy vacía, estoy concha de mar que murmura, pero no tiene quien le entienda.
Por lo que cuando cierro los ojos no duermo escucho gritos, aullidos y clemencias que buscan conversar con lo que se siente muerto. Y por eso estoy de rodillas, con ojos secos y labios quebrados, suplicando que lo que mis dedos escriban no sean mierdas que ni el mendigo quiera.
Porque lo único por lo que me apostaba era esto, esto era mío, mi condena, mi orgullo y mi salvación.
Sin embargo, ahora estoy todas las horas de todos los minutos con la mirada enfrente de esta pantalla, pero mi corazón es el Sahara y no hay nada, no hay voz, no hay sentimiento, no hay poesía.
TA.