Era lo ultimo que le quedaba como opción, volver a lo básico. Para una generación como la de ella, dar pasos para atrás costaba unos cuantos ataques de pánico y luchas internas. Por lo que le tomo dos años en poder terminar un libro en su primer intento, y eso fue hace cuatro años, en esta situación de sin opciones se encuentra en el intento numero dos. Había agarrado el libro a las nueve de la mañana, de ahí lo empezó a cargar con ella a donde iba, de la silla con ropa iba la mesa de la cocina, de la mesa del comedor estaba en su cama y sino en las escaleras. Era fácil de encontrarla por que tendría el libro rojo a su costado. Había elegido este libro por la particularidad de que era uno de los que todo ser humano esta obligado de leer, en el sentido que tenemos que leer “Rayuela” o “Don quijote de la mancha”.
Era que sabia que la pregunta de si lo había leído se estaba acercando con el pasar de sus años, y en el sentido que estaba yendo su vida era una optima oportunidad para intentarlo. Le habían llegado grandes comentarios de este libro, tantos buenos como malos y estaba ansiosa por darle su propia opinión. Sin embargo los días estaban pasando, se cambio de pijama una vez, se baño tres y comió cero. Se sabia los chiste de Friends pero aun no tenia mucha idea de a donde se dirigía la trama del libro, le estaba costando pasar de oración, pasar de pagina o imaginar un universo con personajes en los cuales vivir. No estaba logrando el don de apreciar un libro y estaba durmiéndose con el como su almohada y estaba sintiendo tristeza.
Leer era una de sus actividades favoritas, que empezó y murió cuando tenia entre once y dieciséis años. Luego se fue volviendo una pagina menos cada día, a lo que llevo a una lectura inexistente, y así se volvió tradicional y cómodo. Ella tenia esta excusa donde estaba bien mientras una vez al año tocara una hoja de papel.
En su defensa, ella había empezado con el pie equivocado con la lectura, con que la forzaron a leer, que sus libros eran elegidos y era lo que todos les gustaba así que le tenia que gustar a ella. Le costo un buen rato en poder aceptar el valor en las palabras y decir que eran los libros los que guardaban secretos para ella. Una vez llego a leer uno de 900 paginas, su mayor orgullo y jubilación.
Tenia expectativas, esperanzas y ansias por comprender. Se había propuesto, en el corral de lo que estaba pasando, terminar con la sequía y volver a sus raíces. Se había dicho que este libro podría despertar el hambre que recorría su mente en demanda de lectura. No obstante, cada pagina que pasaba parecía que adhería números al largo de la trama, le estaba costando el ardor del frío poder avanzar una acción de los sucesos y la estaba deprimiendo, ahogando en recuerdos de aventuras y romances leídos, la estaba dejando con la angustia de haber perdido su primera adiccion y no sabiendo quien ser.
Parecía que su única opción se estaba volviendo en una condena y no había libertad. Se estaba forzando en leer, sentando en el suelo frío y las sillas rectas para atravesar las letras que parecían quedarse pegadas a las hojas secas. Por lo que había empezado a dejar el libro en opuestos puntos de la casa, en el balcón, en la silla de su padre, en los libros de contador de su hermano y en todo lugar que ella no estuviera. Había decidido quedarse sin opciones que seguir con el problema del libro rojo, iría por el hundir en la bañera blanca y dormir en la cama. Elijiria perder los quince mensajes y tener las uñas mordidas que intentar el libro que le traía nervios en su corazón y temblores en sus dedos. Era la única opción que le ofrecía el dolor de este libro sin fin, la ultima libertad que le dejaba, preferir volver a su previa existencia que la del recordar los éxitos del pasado.
TA.