jueves, 12 de agosto de 2021

Fue un año y se sintió como veinticinco inviernos,

no se bien de tu vida más allá de la memoria que me compartieron y tu fantasma me azota en recuerdos que resguardo como dragón sin tesoro mas preciado.

Se que las lágrimas no me caen pero mi corazón aún se desgarra en recordar que eran las 10 de la mañana y el mundo perdió su brillo porque la parca jamás discrimino. 

Mi dolor no es tragedia, es opaco y un suspiro que no deseo compartir porque mi alma está un poco más perdida sin tus comentarios picantes que me dejaban con un replicar que tenía el cariño que mis labios jamás proclamaron. 

Y no puedo describir lo que es un año sin tu existencia, sin pensar en habitaciones blancas y frías, en sonrisas de: “Dale, una sonrisita” que tenía apariencia de una despedida y momentos de vela que me rompen en pedazos que nadie reconocería. 

Eras madre de todos, eras abuela de nuestro pasado, eras guardiana de quien fuimos y guía de lo que seremos. Mis palabras hoy y siempre contigo jamas alcanzaran, porque eres el puente de esta familia. 

El año pasado, fue una mierda, una injusticia pintó este mundo quebrado y se llevó sin pedir disculpas o excusas, y bueno, hay un fuego en mi que jamás perdonará a los que me fallaron, a los que te quitaron alientos y alegrías.

Pero debo creer que de ti aun hay en mi, porque no aprendí de tu pasado, pero aprendí de vos conmigo y la copa del vino al día. 

 

Ta.


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