martes, 28 de marzo de 2017

Detenido en el tiempo

Un cuento, del relatar de una vida que se detiene, que se ata a una casa, a un tiempo de perdición, un alma encerrada en ningún tiempo. Espero que les agrade


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Detenidos en el tiempo



Ella agarra con sus dedos la taza del liquido que despierta sus huesos, suspira en el antes de beberlo y cierra los ojos en el quemar de su sangre.
El caminar de sus pies descalzos se escucha en la casa vacía, aun tiene los ojos cerrados, camina ciegamente por la casa con los hilos del pasado, hay un frío como manto en su piel que la lleva a una ventana con un espejo roto de ella y una vista a una ciudad que se despierta ante ella, observa la gente salir de casas ajenas y ella solo sonríe.

Apoya en el borde de la ventana la taza, ya casi vacía, se saca el buzo que le llega a los muslos y camina en su ropa interior, hay tatuajes de frases sin terminar por su cuerpo, se enredan en un cuento sin relato, hay ventanas en su casa que crean una caricia en su piel y ella tiembla en recuerdos de noches de soledad, estira los dedos que bailan en la mesa del comedor y agarra la cinta roja con la que se ata su pelo rojo, se le escapan los mechones rebeldes con los que sus dedos juegan, mira a la derecha para ver la hora, pero recuerda, demasiado tarde, que lo rompió cuando el pasar del tiempo no la dejaba dormir, supondrá la hora y seguirá con su caminar, estira sus brazos sobre su cabeza y luego detrás de su espalda, despertando en un estirar del gato, atrayendo los ojos que no están ahí, llega a la heladera, abre la puerta, una heladera con poca comida para un estomago que no come en tiempo que no sabe, ve pan guardado en bolsa, lo agarra sin fijarse y come sin sabores en su lengua, lleva una vida sin disfrutar de ella, eso lo perdió en los años que su inocencia se fue perdiendo en su vida, se atraganta en pan, ahí recuerda que hace días que no come, termina en el inodoro, vomitando, cuando se mira en el espejo ve la suciedad en su cara del maquillaje de ayer y del espejo, de todos modos no lo logra diferenciar, decide lavarse por completo, se mete en la ducha con el agua que tiñe su piel del rojo, con la ropa interior, y borra los pecados de los días pasados, un nuevo despertar en su vida, un nuevo iniciar en ese momento, cuando sale de la ducha, ve la negrura en sus ojos y no lo reconoce, el rojo en su piel es un beso desesperado y eso si lo reconoce, se muerde las muñecas dejando la marca de los dientes ahí, una marca, una protección, desata el lazo en su pelo y camina con el pelo como cortina en lo mojado de su piel, hay lagrimas que recorren sus mejillas, no importa, cuando llega a su habitación, se cae lentamente, en una atracción de seducción en el colchón, se acurruca en el aroma de las sabanas que no tienen su aroma, pero si el de el, hay aun el calor de el en esas sabanas, se las lleva a la nariz y cierras sus ojos recordando el color de sus ojos cuando lloraba y la forma que su boca gritaba su nombre, recuerda el sabor de sus manos en sus caderas, recuerda lo que olvida. 

En un momento abre los ojos y ve el despegar de la pintura en el techo, el levantar de piel de las heridas de la casa, esta cansada y quiere dormir, podría dormir en esa habitación no entra luz por la ventana y la casa esta callada, seria el momento para que sus pulmones aprendan descansar pero su mente tiene varios pensamientos que no se callan como las voces en sus oídos, en un momento ella exhala y siente el expandir de sus costillas, se despega de las sabanas y busca el buzo viejo de el, el que tiene agujeros pero le abriga con el cariño de el, este le llega a la cadera por lo que busca el jean que esta roto y abandonado, camina por los pasillos, sin ver su reflejo en los vidrios, va a salir en busca del cansancio en sus venas, el que no encuentra en la casa que es demasiado grande y silenciosa. 
Pasa por el sofá que colecta polvo, donde duerme el gato que no tiene nombre, porque no responde a ataduras, porque va a y viene, porque ella se olvida de el como el se olvida de ella, lo acaricia detrás de las orejas y siente sus heridas bajo el pelaje, como las que oculta ella, el gato estira y escapa por la ventana rota de un golpear de botella vacía, baja por las escaleras que la denuncian como culpable, con el jugar de sus dedos en el pelo y el morder de sus labios, entre tres paso y cinco escalones de la puerta se detiene, se agarra de la baranda y se sienta, con las rodillas que aplastan su pecho y su mentón entre las rodillas observa con ojos cansado y agrietados la puerta, esperando que se abra. 

Los párpados le pesan cuando escucha las pisadas del exterior, son como un cantar que acalla su mente y la emborracha en drogas, cuando se despierta siente el abrazo en sus caderas y el calor de un pecho en sus mejillas, abre los ojos lentos, con deseo de retener el recuerdo, el la mira con esos ojos tristes que recuerda, pero que aun brillan y cuando el la deposita en la cama, ella se acurruca contra el y lo besa en su cuello, en privacidad, en marca, en amor detenido en el tiempo, el se levanta y abre la ventana dejando que entre la oscuridad de la luna, se acuesta con ella, siendo su manta, su protección, y los dos duermen detenidos en el tiempo.



T.A.

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