-He perdido amigos que no recuerdo
-Y yo he tenido amigos que no conocía
-¿Amaste a alguno?
-Si
Sonrieron en complicidad
Ella caminaba lento y con el eco de sus pasos ahogados en una ciudad con vida, sus manos entrelazadas detrás de su espalda y un silbido secreto salir de sus labios. Era un día con sol, a ella le agradaba estos días, habían nubes y el sol era un beso gentil en su piel. Era un buen día para un encuentro y una mano dispuesta a ayudar. La gente iba en su contra y ella disfrutaba el bailar que surgía en evitar el choque de personas, la única preocupación era su morral que tenia todo su trabajo en hojas con manchas de cafe y aroma a los libros donde los ocultaba. El tiempo no le sobraba y estaba a dos cuadras a la izquierda y una a la derecha de donde tenia que estar, pero era un día perfecto para caminar a paso ligero.
-¿Es un habito tuyo llegar tarde?
-No, solo me gusta apreciar un lindo día
-¿Como la lluvia el otro día?
El estaba sentado, debajo de la copa de un árbol con las sombras de los arboles moviéndose al compas del viento y sus ojos que eran del color de la miel secreta de las abejas brillaban con los rayos de sol que atravesaban las sombras, su espalda estaba contra el tronco que lo mantenía firme y constantes. El aceptaba que era un bello día se había despertado con los primeros rayos de sol y había inhalado el frío del aire y despertado sus pulmones con la pureza de la mañana solitaria. No había sido hasta que la hora había llegado que se había apartado de los rayos de sol, incapaz de llegar tarde, de desperdiciar los minutos. Con pasos apurados y ojos ocultos en gafas de sol, el caminaba a la plaza donde ella iría.
-Ese fue bello en su dolor
Se acuerda de encontrarla al lado de la fuente, un perro a sus pies, y con una sonrisa que lloraba. Tenia los ojos rojos y ella negaba el dolor en su pecho, ella solo dijo que no había dormido esa noche, que se había quedando haciendo trabajos pero el descubría sus mentiras en sus palabras. Sin embargo el solo le sonrío y la abrazo y la llevo a donde ella dijera sin comentarios a su silencio y miradas perdidas.
-¿Hoy a donde vamos?
-A donde las nubes se ocultan
Sonrío y los rayos de sol fueron débiles a su sonrisa, le extendió la mano, como lo hizo esa primera vez, meses atrás. Y caminaron juntos, dejando atrás la calma y las sombras de una plaza donde ocultarse, dejandose ahogar una vez mas por el sonido de una ciudad con vida. Y sin embargo el aun podía escuchar la voz de ella que describía cada estructura que ellos pasaban, describiendo con la facilidad de su lengua y los movimientos de su mano, aun fascinado como la primera vez que la escucho hablar sobre edificios que se escondían de las nubes y competían con las montañas.
-Este tiene las curvas del océano
Ella miro arriba, hacia donde las nubes se perdían en la altura del edificio, la luz del sol no lastimaba sus ojos. Admiro la forma en que el metal se doblaba en si mismo, en un tornado de devastación y pasión los vidrios de los pisos reflejando cada rayo de sol que atrajera hacia su belleza. Era en si un pedazo del océano deseoso de atrapar nuevas almas en su atractivo. Una sirena en la ciudad. Se relamió los labios ante tal magnifica estructura.
-Es perfecta, sacale una foto por favor
La luz de su cámara se reflejo en los vidrios del edificio, y en un respiro encerrado de ese día el atrapo en un instante eterno la vida del edificio. Agregando una nueva imagen a las fotos que ella ya había pedido y el había adquirido.
El sol estaba cambiando de color cuando los dos se encontraron devuelta en el mismo lugar de siempre, el asiento en la esquina contra la ventana donde podían ver a la vida pasar enfrente de sus ojos y suspirar mentiras de las vidas ajenas. Era una tradición una costumbre que se formo en la primera noche que temieron que el adiós era definitivo. En esas horas el aroma de cafe se mezclaba con el quemado de la comida, el sonido era el de la radio que creaba la mezcla de voces y música, callando sus voces en una burbuja de privacidad.
Los dedos de ella bailaban en la mesa con sabiduría sabiendo donde estaba cada palabra escrita en la madera, cada secreto que se escondía de ojos secretos sus dedos los acariciaban y reconocían. Sus ojos enfocados en las personas detrás de la ventana, la vida de esas personas relatadas en poesía de engaños por Apolo. El sonreía débilmente con el brillo en sus ojos y ella no quería recordar los días que esa sonrisa no brillaba.
-¿Crees que esas fotos definen mis trabajos?
-Solo vos sabes eso
-Pero vos me conoces
-No, solo conozco una leve parte de ti
Ella sonrió y el lo vio en el reflejo del vidrio. Por instinto el la miro y recordó eso hasta su ultimo aliento.
-La parte importante, la cruda
Ella saco de lo oculto de su morral los dibujos que se presentaban en los parpadeos, cada dibujo una nueva palabra para hablar sobre ella, cada dibujo una pieza de su alma, cada dibujo virgen a los ojos de los extraños. Sus dibujos eran la pasión de la naturaleza, la manía del genio, eran marcas de pinceles rápidas y bruscas pero decididas con las manchas de color que eran el toque de vida en la frialdad de los dibujos. Sus dibujos hacían del sueño posible, edificios ocultos en otros edificios, las casas que buscaban ser un árbol y las tiendas que querían ser el producto. En sus dibujos el veía el baile de sus dedos, la gracia en de sus yemas en el arrastrar de la mina de lápiz el brillo de sus ojos en los colores con promesas. En esos dibujos con dulzura y engaño la veía a ella.
-Bajo el sol
Y el levanto la mirada y vio como los ojos de ella se perdían en la bajada del sol, en ese momento atrapo los últimos rayos de sol en una foto secreta del brillo de sus ojos.
Ella lo miraba, cuando el creía que su cámara lo ocultaba, ella lo veía, veía fascinada como el admiraba sus dibujos, como los analizaba y su corazón deseaba por el lápiz en cual ocultar esos sentimientos que el despertaba. Un nuevo edificio en busca de las montañas.
-Esas fotos no te definen
-¿Como?
Ella estaba asustada en la bajada de sol su oportunidad desaparecía de sus manos, el ultimo día utilizo ella para realizar el trabajo que tuvo semanas de trabajo y las palabras de el eran punzadas en su corazón. Y el solo tomo de su cafe amargo y frío, con la diversión oculta en sus labios.
-Tu trabajo supera a esta ciudad
-No, son solo dibujos. No son realidad
-Aun
Y en ese momento ella vio esa sonrisa oculta en los labios. Guardo con la fragilidad del amor esos dibujos que se habían presentado a un extraño y sintió cálido su pecho, orgullo y pasión.
La mirada perdida en el entrar y salir de la gente, ella comió de su helado levemente con una sonrisa que no se le escapaba de su sentimientos. Borracha en la pureza.
La mirada perdida en el entrar y salir de la gente, ella comió de su helado levemente con una sonrisa que no se le escapaba de su sentimientos. Borracha en la pureza.
-Dime Apolo ¿Somo amigos?
Habían nervios en su voz, había temor en su palpitación y patadas en su mente en los recuerdos de amistades pasadas. De la amistad pasada. Ella era una cobarde que ocultaba su mirada en el pasar de los autos por la calle, los autos con un destino y un saber que ella temía en ese momento. Ella temía porque el estaba huyendo también de la mirada y el silencio crecía.
-Si
Y ella lo miro cuando el la miraba y pudo respirar, un leve inhalar y exhalar que la relajo, la libero y la ayudo. Ella sonreía esa sonrisa que ocultaba, sus labios con el brillar de la amargura de su bebida. Perdidos en ese momento de conexión de relación conectada e infinita se perdieron y no vieron el apoyar de un pedazo de torta entre los dos, una union. Un división.
-Entonces, ¿Me desearías feliz cumpleaños?
En la vida del local, la música de la radio y el movimiento del detrás del local, los autos lejanos pero cercanos. En ese momento que era perfecto para los dos e infinito. En el momento que se perdieron y conocieron. Estaban sentados y solo mirándose, pero comprendiéndose.
-Feliz cumpleaños Teru
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