viernes, 17 de febrero de 2017

5_ No me ames, amame

-¿Como lo dirias?

-Lento y en secreto

-¿Me lo dirias?

Sonrío en conspiración y en sus ojos se reflejaron la sonrisa.

-Ya lo hice

Era una ciudad oculta ahogada en palabras escritas de tiempo perdido, lo único que se escuchaba en ese lugar, en esa ciudad, lo único que se escuchaba era la respiración de dos personas leyendo apasionadamente sobre un mundo que se había perdido en el transcurso del tiempo. La hoja pasaba y la respiración se retenía en la antipaticen de las siguientes letras. No habían palabras susurradas, solo sonrisas escondidas en ojos con emoción, los asientos eran de madera y creaban incomodidad en los huesos, pero los dos estaban cómodos, compartiendo el calor en el contacto de su piel y la emoción en las palabras que leían. Las luces que fingían ser estrellas se prendían en su alrededor cuando el sol se escondía detrás de la ventana en su espalda. Cuando la ultima hoja se presento ante sus ojos, el salió de su silla sin palabras de explicación y ella leyó con una tristeza en los ojos. La negación de los finales.

-¿Porque los odias?

-Solo temo la decepción en ellos

Eso le había susurrado el antes de que ella abriera las puertas que crujían y que escondían la ciudad de palabras. Ella comprendió y agarro su mano en promesa, a sabiendas de que no había promesas para un mañana. Pero ella creía en un camino de un día que no se esperaba los adelantos de los movimientos del reloj. 
Cuando ella cerro el libro y dejo descansar las palabras con relator escritos en lagrimas, se levanto con el silencio de sus movimientos y con respiración contenida fue en busca de Apolo, sin saber donde a buscar pero sabiendo que el la buscaría. Detrás de la puerta, en la sombra de la pared blanca, donde los rayos de luz no llegaban estaba el sentado con los ojos cerrados. Ella solo se sentó a su costado y observo como los rayos de luz se alejaban de ellos lentamente, con un deseo de retornar al sol. Apoyo su cabeza en su hombro, su pelo en nudo de sueños, y estiro los dedos en la búsqueda del ultimo calor del día. 

-¿Como termino?

-Termino como inicio, en tragedia

El se levanto y estiro sus brazos, sus dedos deseando rozar el techo, no obstante incapaces de llegar a ese deseo. Miro al sol rojo que brillaba en el reflejo del vidrio de las ventanas, y con secretos en sus labios le ofreció la mano a ella, y ella recordó los ecos de los pasos de su pasado, entrelazando los dedos se levanto con la ayuda de el y caminaron en silencio por caminos sin direcciones. 

La noche era joven y las estrellas dormían lentamente, brillando en los ojos de ella, el camina mirando las luces de las calles que se van prendiendo con los sonidos de sus pasos, el viento era el correr de los autos, la gente caminaba apurada a su alrededor, huyendo del correr del reloj queriendo encontrar un lugar donde reposar sus huesos cansados. Sin embargo, ellos caminaban lento, desafiando el mover de las agujas, ojos observando el crecer de edificios y ojos recordando pasos de un pasado, presente y un futuro. Estos pasos que se ahogaban en otras vidas, eran diferentes a los pasos de esa noche perdida en el tiempo donde se conocieron, eran pasos que se entrelazaron y se aseguraron, pasos que se repetirían con amor y dolor ajeno.

-¿A donde vamos?

-Al inicio

Doblaron una esquina a la izquierda y los recuerdos se despertaron como realidades ante sus ojos, era una calle vacía con los autos que andaban en una paz sin ecos de pasos, las luces que iluminaban su camino eran las luces de las estrellas despierta y las puertas de la casa abiertas buscando el aire libre y lejano del otoño. Ella sonrío con la calma del frío que era un calor en los huesos. Cuando abrieron la puerta a su lugar, resonó en la calma de la cafetería, un despertar de los dormidos que sostenían el cafe con la esperanza de un mañana que no se despierte en la noche. Caminaron con una calma con deseo en llegar a la esquina con reflejo en los vidrios y la iluminación de los autos. Ella se sentó con la birome que bailaba en sus dedos y buscando inspiración en sus recuerdos, el la miraba a ella y miraba como las luces jugaban con su pelo y creaba ilusiones de segundos en fotos incapaces de atraparla.

-¿Me lo dirias?

El susurro mientras la veía a ella dibujar con rapidez lineas que ahogaban la servilleta blanca que tenia, sus dedos sostenían la servilleta con el deseo que fueran la tierra donde construir sus sueños atrapados en recuerdos y lo miro con una sonrisa oculta.

-No

El miraba en el reflejo de la ventana sus ojos divertidos con secretos.

-¿Porque?

-Ya te lo dije

-¿Me lo diras devuelta?

Ella dio vueltas de la lapicera en su mano y se relamió los labios, en anticipación de la comida que se acercaba sin palabras dichas. Una costumbre dicha.

-Probablemente

Comieron con pocas palabras dichas en intercambio y las sonrisas en diversión ocultas en los brillos de los ojos, los dedos de ella bailaban en un ritmo con eco en la mesa y los dedos de el se estiraban en busca de los dedos fríos y largos de ella. Los dos esperaban en silencio las palabras que uno diría. Cuando ella se paro sin sonidos o advertencias al se le detuvo el pulso y ella solo le dio la espalda con pasos que buscaban una dirección, ella dejando detrás la servilleta que dibujaba una ciudad imaginada en sueños y recuerdos, la tinta movida con lagrimas saladas del pasado y los cimientos de los edificios que buscaban las nubes eran las esperanzas de ellos. Y donde la plaza donde sus caminos se cruzaban en busca del otro, en el medio, en pequeño, en secreto, entre las hojas de primavera y de otoño, ella se lo dijo. 

El corrió detrás de ella, y la atrapo por la cintura susurrándole al oído las palabras que no podrían mentir. Tetsuru se dio la vuelta y lo miro, los ojos que lo ahogaban y eran sus fotos, y en un beso que suspiraba las palabras prometidas y ocultas, de solo ellos dos. En el medio de la cafetería que los quebró y unió.









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