sábado, 6 de mayo de 2017

Un banco en una plaza


Un banco en una plaza



Mi vista estaría perdida, vería los niños jugar en su mente, caerse y levantarse, vería padres con sonrisas y escucharía las voces de las madres, vería esas vidas y tendría dudas en mi mente, no escucharía en verdad lo que diría Marcos o lo que Lucas respondería solo estaría en el medio de los dos, queriendo ocultarme en el calor de Marcos y aprender de la certeza de Lucas en la muerte. 


-¿Alguna vez estuviste con alguien?


-No, ¿Vos?


-No, ¿Sebastian?


Marcos no era nadie, era alguien que no se encontraba, se buscaba, era un chico que tenia moretones del arco iris en su piel y marcas en su piel que ocultaba en buzos y sonrisas borrachas en sus labios, no era un chico que supiéramos su nombre, no el verdadero, de el solo sabíamos las preguntas que daba y las mentiras que decía  de el no sabíamos ni si éramos amigos, quizás solo éramos unos desconocidos que hablaban en las tardes y se veían en ciertos lugares, quizás esa era la razón por la cual no aparecía por semanas. 
El no buscaba la muerte como Lucas, el solo buscaba huir como nadie que seguía las vías del tren contra el tren. 


-Si, fue muerte en primavera, era feliz pero lloraba de noche, era tortura en la risa


-¿Que paso?


-Me dijo que me amaba


Tenia una necesidad de jugar con los dedos, torcerlos, quebrarlos, doblarlos, destruirlos, cuando la verdad se presentaba como ansiedad, en los momentos que Lucas y Marcos me escuchaban y miraban, donde buscaban entender de la sociedad a travez de mi contacto, éramos una relación disfuncional, complicada pero simple, Marcos no era nuestro amigo solo un extraño, Lucas era el líder de un grupo que no existía y que vivía para morir y yo era el joven que se escondía en ellos para dudar de vidas normales. 


-¿Que le dijiste?


-¿Porque?


-¿Que paso?


-El solo se fue con tristeza en sus ojos y sin decirme adiós


-¿Lo extrañas?


-Ya ni recuerdo su nombre

Lucas apagaría su cigarrillo, suspiraría y Marcos sin palabras se iría, se levantaría, dejaría un vacío en el banco y caminaría con un coger en su pierna rota y un temblor en sus manos nerviosas, nos sonreiría y diría adiós. 
No diría hasta luego o chau, diría adiós porque nunca sabíamos si volvería, si es que no leeríamos su historia en un periódico, no sabíamos que esperar del hoy en el que nos separábamos.


-¿Has amado a alguien?


-Si


-¿Te ama?


-Nunca le pregunte


-¿Por que?


-Temo su repuesta


-Entonces no lo amas, si lo amaras se lo dirías, se lo harías saber, te quebrarías solo para ver la tristeza o alegría en su cara, lo harías solo para que lo supiera y tu supieras que te ama, lo dirías por que lo amas.


Me acuerdo de mirar a los niños, se iban con sus padres, el viento jugaba con la bufanda en mi cuello y mis dedos que quitaban la pintura del banco, recuerdo varios sentimientos de ese día y pensamientos que inundaban mi mente, como la respiración que quemaba mis pulmones, y recuerdo que Lucas se había ido cuando había dado la repuesta. 
Aprendiendo que amar era solo para los torturados, para aquellos que aman de lejos y se torturan con ese dolor, para aquellos que lo suspiran con voz quebrada, para aquellos que aman el que mañana muere.


-Bueno, te amo


Me acuerdo, haberme quedado solo en un banco hasta que llego la noche y mis dedos temblaban del frío, mientras mi mente describía las pestañas de Lucas y mis ojos recordaban la curva de sus labios y mis pies creían saber el camino por el que se fue, recuerdo haberme quedado hasta que pude negar que no lo amaba y abandonar el banco donde los vería mañana. 

Si es que llegábamos al mañana.


T.A.


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