“¿Cual fue mi primer beso?”
Ella estaba sentada enfrente de la chimenea, sus ojos marrones brillaban con las llamas del fuego y sus dedos creaban sombras de relatos en la alfombra. Había una botella de cerveza entre los dos, estábamos a un respiro de distancia. Había una tormenta de invierno a nuestro alrededor y estábamos ocultos del mundo jugando juegos pequeños, buscando conexiones simples.
“Fue en una fiesta, bajo la presión de amigos, un chico que no se quien era, ni cuando. Fue triste y decadente. ¿El tuyo?”
Me había movido contra la ventana viendo el reflejo de ella en las luces de la ventana. Mis ojos siguiendo los copos que jugaban con su reflejo, los dedos moviéndose en mis jeans, me miraba con la espera en sus labios
“Se lo robe a mi primer amor, duramos seis meses, nos queríamos demasiado”
Luego de eso ella demando que bailaremos con las botellas alrededor, la noche volviéndose en mañana y la gente durmiendo.
Ella solo quería borrar los recuerdos de nosotros y matar a los fantasmas de nuestras sombras. No recuerdo de la noche mas que nuestras repuestas y nuestra torpeza que nos llevo a moretones de caricias y dolores de gargantas.
Las estrellas brillaban en un distraer del mundo, diamantes atrapados en un cielo de oscuridad, un mapa a otro mundo. Ella estaba acostada en mi pecho, acurrucada entres mis piernas con mi espalda contra un árbol de tierra mojada.
En el exterior de una fiesta de año nuevo, el ultimo año de secundaria había terminado y el futuro era un terror en las venas,.
“Es el marrón o ¿No?”
Se mordía los labios que tenían el pinta labios marcado, mi chaqueta en sus brazos le quedaba larga y sus piernas se doblaban en cansancio en el pasto frío. Conté diez estrellas antes de pasar mis manos por el pelo que estaba demasiado largo para crear un débil tapar de mis ojos
“¿Porque?”
Fue un gato, un respirar, en el que ella se giro con las manos en la tierra mojada y sus ojos borrachos en el cansancio se fijaron en mi y tenia sus manos en mis hombros
“Es el color del camino viejo que lleva a la salida de acá, el gastado de tus botas viejas que usabas cuando te vi. El polvo que levantas cuando huyes de tus problemas, la remera que usaste por un mes luego de que Clara se mudara. El color de tus ojos cuando ves algo que quieres y la forma con la que luchas por lo que crees. Son tus raíces, ese es tu color y podría seguir porque es tu color como tu nombre es quien eres”
Había pasto entrelazado entre mis dedos que quite de la tierra y se lo tire en el pelo como lluvia de primavera. Ella se rió mientras me empujo contra el árbol, esa noche nos enfermamos luego de haber nadado en una pileta y ella tenia labios azules cuando me beso en el cachete a la medianoche.
Había demasiado sol, era uno de los últimos días de verano, la camioneta estaba en sus ultimas con el sonido del motor que callaban las voces que cantaban de sentimientos perdidos en recuerdos agotados. Mi casa la había perdido hacia ya veinte cuadras.
En un semáforo rojo, antes de doblar a la izquierda, vi por el espejo retrovisor a ella que corría con un vestido de flores violetas y rojos como estampado. El pelo en una coleta reteniendo una gorra de beisbol. Detuve al auto a una cuadra de la ruta que llevaba a las afueras. Me alcanzo con mejillas rojas, transpiración en su piel y un dolor en los ojos
“¿Solo te ibas a ir?”
Me había apoyado contra la puerta del auto, ella estaba parada con los pies en la tierra marrón, los brazos cruzados y la mirada en desafío. Me tapaba los ojos del quemar del sol que derretía las mentiras de los labios.
“Era mas fácil que verte”
Los autos pasaban detrás nuestros, no eran demasiados, un pueblo de donde la gente no se iba.
Donde ella quedaba por que aun no, aun no podía, demasiadas ataduras en un pueblo que la arrastraba, sin embargo algún día.
“¿Te era tan fácil dejarme atrás?”
Decidí quemar mis ojos en los brillos del sol antes que mirar el reflejo de mis tormentos en sus ojos. Ella vería cada engaño en cada momento que robe de ella pero nos conocíamos y sus brazos se quedaron sin hilos a su costado. La gorra la había perdido y el pelo lo tenia suelto bailando con el viento
“¿Me amas?”
La mire con dos pasos adelante, el aroma a menta en su boca, flores de jardines en su piel y el calor del sol en su cuerpo
“No”
Dio un paso para atrás, la negación y el dolor en sus ojos. Las manos detrás de su cuerpo en submision y derrota. Un paso a ella y podría salvarnos a los dos de la estupidez de los jóvenes atados unos al otro
“Debería ir yendo” Abrí la puerta del auto.
Miro para otro lado mientras yo me subía al auto. La música estaba por debajo del sonido del motor, la ventana abierta y el temor en mis huesos.
Ella no me miraba y sus piernas se iban a alejar. Acá yo no volvería y acá ella se quedaría. El camino se extendía, y éramos cobardes.
“Decir que te amo seria muy fácil y minúsculo”
Vi por el espejo que ella siguió mi escapada hasta que se volvió un punto perdido en la distancia.
T.A.
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