A las tres y media de la mañana me suspira en el oido:
¿Que darias por el?
Era la voz suave y seductora de mi tentador y pecador,
el rebelde.
Di la media vuelta en la cama para ver las estrellas apagadas y llorar en suplicas:
Mi vida entera
A las tres y media y un minuto llore por la vida que perdí por una persona que no llora por mi.
T.A.
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