martes, 6 de noviembre de 2018

Relatos de mediodía

Me llega a la cintura, trenzas son la cascada que ocultan sus lagrimas, sus ojos grandes que sueñan con las estrellas. 
Sus piernas son cortas y se imaginan huyendo de su hogar, ella es tan chica y mi corazón se rompe cuando la veo que se oculta detrás de paredes que la tragan en la sombra y ella sonríe esperando ocultar el dolor que su alma resguarda. 
Manos pequeñas para detener golpizas a un cuerpo de porcelana, oídos que no escuchan pero recuerdan por siempre las palabras malditas que la crían como árbol torcido. 
La veo que me llega a la cintura y aun sonríe cuando su crecimiento es torcido. 
Es a los 5 y un día que me lo susurra como secreto a mi oído.


-Un día me voy a ir y nadie me va a encontrar


-¿Ni yo? 


Y ella solo me sonríe, es una de sus pocas sonrisas que le llegan a los ojos, ojos marrón chocolate que han sido mal criados e inyectados en sangre, aprendiendo demasiado rápido que el mundo tiene dientes de sables y que la tragaran y escupirán.
Hubieron días que la vi y me sorprendí en verla de pie, con la espalda recta y con la fortaleza de una muralla en sus ojos y no lo comprendía.
Me llegaba a la cintura con la coleta atada fuertemente, y ella no me cuenta de noches encerrada parada en lugares muy pequeños con palabras gritadas en eco a ella, y todos sufrieron mas que ella, sin embargo ella es solo una niña y yo solo observo. 
Observo como le enseñan a mentir los dolores, como le enseñan a dormir con dolores en el pecho, le enseñan que es su culpa, es su culpa siempre y pedí siempre perdón si quieres comer y tener un buen día.
La veo y no lo comprendo como es que tiene 5 y ya agarra el cuchillo con familiaridad pero su cuerpo continua puro sin rayones, como no tiene manchas de transgresiones pasadas, no obstante me acerco y mi sombra la asusta, mis manos alzados como abrazo la hacen proteger su cuerpo y lloro yo cuando ella intenta hacerme reír, porque no puede crear el dolor de otro. 
Los días que no escucho de ella me preocupo, y cuando escucho que esos días fueron magníficos que ella olvida heridas ocultas en mi alma me dejo creer con ella, porque ella ama el dolor y yo la amo a ella. Hay días que sus palabras son viciosas, eco de lo que escucho que se suspira de ella, y yo solo la escucho y acepto lo que me dice porque es verdad.


-Cobarde! Me dejaste! 


Es verdad, es verdad que hay veces que no se puede sentar, que hay veces que se rehusa a leer la hora por breves recuerdos, que hay veces que ella no llora ya no mas porque eso es débil, ella ya no habla sobre lo que sucede y es verdad que ella se esta dejando engañar y es verdad que le estoy dando mi espalda creyendo que en verdad ella es una muralla creada en años y angustias, que es fuerte y sola puede. 
Pero ella no lo es, ella es sangre en la nieve, que esta buscando la muerte con pies descalzos y ojos que lloran.
Ella habla mucho, es un tornado, y me llega a la cintura y no la puedo contener, a los 6 denota la ausencia de alguien pero no ve el cambio, quizás las palmas cambian por palos pero el dolor sigue ahí, y las lagrimas que alimenta sus labios sellados continuan, sus palabras que son mentiras con tal de conseguir una falsa libertad se mantienen, lo único que cambia es su corazón, su corazón que ahora tiene manchas oscuras y que de noche recita un odio que quizás se olvide pero que se alimenta de esos momentos de dolor.


-La odio y esta bien porque ella me odia


-No te odia


-Nos lo ha dicho ¿Es que no lo recuerdas?


Ella me llega a la cintura la veo y me veo a mi reflejada en sus ojos, esos ojos de valentía que ya no se ahogan en sangre y saben huir a un baño esperando escapar el dolor de golpes contra un cuerpo pequeño, veo esos labios que saben fingir sonrisas y risas, veo esa espalda que tiembla de temor cuando comete un error de niños la veo y me veo a mi, porque ella me llega a la cintura, pelo suelto que le cae en cascada, brazos pequeños que me agarran la pierna y se ocultan en mi sombra. 
La veo y me causa dolor que solo le puedo ofrecer promesas vacías. Se engaña en creer que todos sufren lo mismo, que todos abrazan a su hermana en temor y que es la culpa de ella.
Tiene 8.


-Se leer la hora, ¿Queres que te la diga?


-Nunca


Me llega sobre la cintura y detesto los relojes analógicos porque los veo y la veo a ella atrapada en un cuarto disculpándose por lo que no sabe por una inocencia perdida y ya no entiendo como protegerla sin dañarla.
La pierdo de vista en el cambio de medidas, me supera la cintura y llega a los codos y no la reconozco, no habla de lastimaduras, y sus labios que guardan demasiados secretos, mente que recuerda toda palabra mal dicha y no sabe que recordar de su infancia. Su corazón esta lejos de la inocencia y su pensamientos son suicidas, la paso por al lado y no la veo. La dejo perderse y no la llamo cuando se aleja de mi con sonrisas quebradas que las escucho frías y distantes.


-Yo ya no se quien soy


-Yo no lo se tampoco


-¿Cuando lo sabremos?


-Aun no lo se


Es cuando tenemos la misma altura que todo se complica, veo tus ojos y te reconozco pero tu actitud, tu cuerpo, tu voz están bañados en mentiras, dolores y sangre y no te reconozco.

T.A.

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