El hambre me viene entre las horas de las doce y las trece, lo siento recorrer los músculos que me tiemblan por falta de fuerza para mantener de pie este cuerpo que esta hueco y en eco de huesos que vibran. El hambre lo tengo de cuando te vi sonreír y tuve esta culpa de tragar lo que estaba en mi boca, y es que te quería, necesitaba, por lo que preferí el gusto del te sin azúcar a perderte.
Cuando me hablas de comer algo para dos te explico que tengo este dolor de estomago que me acosa desde los seis años donde medí mi cuerpo con el de mi vecina, quien tenía una centésima mas chica la cadera y sin grasa. Así que estoy bien jugando con el sorbete y dejándote mi pedazo por que no estaría cómoda con que me veas comer mientras siento la culpa de la grasa en las caderas.
Y me estoy muriendo del hambre que tengo, me esta rugiendo el estomago y mi gato me esta trayendo un plato de comida por mi dolor. Pero me veo incapaz de aceptar amor cuando esta la imagen con las palabras de que un cuerpo hermoso es el que no se ve y se sopla con el viento. Así que prefiero jugar con la ensalada y decir que comí antes, que es mejor a que me veas metiendo comida que se siente veneno para este cuerpo que esta decayendo en la tortura de lo que es alimentarse.
El hambre me esta lastimando, me esta dejando sediento ya que el agua empezó a hacer daño y me gustaría comer, hacer los chistes de preferir la comida a ti pero la ropa me queda bien cuando las costillas se marcan y hay sacrificios que hacer.
TA.
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