jueves, 28 de mayo de 2020

Casa de naipes

Ella estaba diciendo que estaba en la búsqueda de un trabajo, decía tener estos planes que llevarían a quinientos resultados y todos posibles. Ella decía que estaba haciendo y no esperando, ella era buena mintiendo.
Había terminado sentada en los últimos tres escalones de una escalera de veintisiete a causa de todo lo que había manipulado. Respiraba como si hubiera recibido un puñetazo a los pulmones, con los codos clavados en los muslos e intentando resolver cual fue la primer mentira, buscando el hilo, pero esos eran un nudo. 
Estaba buscando tiempo, huyendo de lo que significaba crecer y enfrentar la realidad, no estaba preparada para lo que significaba tener situaciones de ultimatums. Había creado un solido imperios de engaños y ahora estaba cosechando en la soledad de una casa ahogada en silencio. Su trabajo había devorado la vida del lugar y estaba ella con el frío en un eco de su respirar, su condena era lo eterno en los portones negros, los pisos de maderas, las paredes huecas y las puertas viejas que delataban a todo ladrón. No le quedaba otro lugar para vivir que no fuera la casa que podia recorrer a ojos cerrados, la misma que era el centro de toda pesadilla que haya tenido. 
Y ella había intentado explicar como había empezado, que había sido sin intención, una escapatoria. Que de ahi fue todo resbaloso y peligroso, por lo que se volvió fácil de entender como cayo, y solo quería la calma con la felicidad del resto. No sabia bien por que pedir perdón. 
Tenia una botella de agua en cada habitación, se había cansado del viaje de la cocina al patio de entrada al baño del segundo piso. La estufa del primer piso era donde preparaba su nido de almohadas y frazadas, y había empezado a plantar vegetales y frutas en el patio. Estaba aprendiendo a adaptar su dieta y equilibrar el nuevo estilo, dejando varios cambios de ropa para cuando hiciera gimnasia y dejaba el celular en el garage con las mismas diez canciones en repetición. Se estaba acostumbrando al castigo, al silencio que la dejaba pensando y reconociendo las palabras que había tergiversado, rompiendo cuarenta vasos por cada vez que se vio sonreír con lo que decía y estaba sin gritos para liberar. Las manos le temblaban cada vez que rozaban con la manija de la puerta de entrada, era electricidad lo que quemaba sus dedos cuando sentía el frío del metal y sus huesos se sentían magnéticos opuestos. Jamas capaces de aguantar mas de cinco segundos antes de recordar el modo en que fue creando un universo que se era capaz de visualizar. 
Era buena para las escapatorias, estaba tirando de cada cuerda, esperando encontrar la repuesta correcta. Estaba diciendo con desesperación a que ellos la escucharan, pero eran rápidos en dar la espalda. En llamarla patética y dejar atrás lo que ella tuviera por decir en necesidad por retener. 
Había aprendido a tejer, a cocinar, a limpiar. Aprendió volver a lo básico y se fue asentando, el silencio se volvió en su amante, el cual le guardaba los secretos de sus risas a las dos de la mañana y las charlas en la cocina, se convirtió en el testigo de lo que quedara de ella en ese terreno desolado. 

TA.

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