Es medianoche una vez más
y todas mis angustias salen a guitarrear.
Debería cerrar los párpados y negar todo lo que se
que es un laberinto de humo.
Pero la voz es seductora,
ya que tiene el eco de todo lo que una vez adore.
Y es medianoche otra vez
aunque en verdad es la hora de Jesús.
Debería tener mis pesadillas en la paz de una cama hecha de agujas,
sin embargo, mis ojos se ahogan en todos los escenarios que son mis dedos atrapando al viento.
La lógica desarrolla su caso con convicción
y soy guerrero prometido la victoria
pero soy víctima reviviendo la tortura.
Ta.
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