Estoy sentada en un precipicio, que es una escalera (siempre es y será una escalera) tengo el cigarrillo en la garganta, el fuego es mis dedos y el cáncer es mi vida.
La gente pasa (o no) (no sé) (mucho ahora nada importa) y todo está sucediendo en un latir de un latir (de otro latir) y estoy mojada, estoy sucia, derrotada, agotada, bostezada y asesinada.
Estoy sentada con las piernas temblando, las venas cantando y los huesos ardiendo, estoy “Basta hasta aquí llegué porque todas las noches agradecer a Dios por otro día se siente como una confesión que jamás quise hacer.”
Y por eso estoy sentada en los escalones que llevan a autos que llevan a muerte y dolor y freno y fin.
Y querías saber cómo es, pero no como se ve, así que aun en este momento mi risa está cosida y estoy sentada con la ausencia en el pecho. La gente sucede a mi alrededor y me estoy destruyendo porque me duele sentir la sangre correr, me duele escuchar el latido de mi corazón, me duele ser testigo de todos y por eso estoy sentada.
Porque es una silla eléctrica, que si me muevo me mata y estoy estatua sin dinero, que no parpadea, no respira, ni llama la atención. Puesto que el león es la parca y su gacela, soy yo sentada y traumada de todo lo que sé que no siento, pero que me atemoriza.
TA.
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