Estoy buscando el Nobel de los cambios de humor, gruñendo como perro a la mano en el hombro y abrazando en quebrar las costillas porque me congelo.
Derroto a la competencia que se baja de la montaña rusa, no hay contención para mi subir y bajar que te besa mientras te derrama sangre de los labios. Olvidate esto no es tortura, es manicomio y la puerta de salida es una pared que hemos construido.
Abandona la idea de que las pastillas y las soluciones tienen la impresión de caras felices. Ya tengo el discurso preparado, lamento advertir que las lagrimas se me secan en la timidez del día, aguanta hasta la noche que ahi no duermo ya que la almohada sofoca.
Acércate, mira que no mordemos, solo destruimos con todo lo que queda en nuestro meñique, te devuelvo la fe a dos por uno si me das de tu copa que derrama en energía.
Te daría el Nobel que acepte ayer al mediodía pero no creo que sabrías que hacer con el. Déjame decirte que hoy no es nuestro día y menos lo sera cuando no nos veamos.
T.A.
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