Quería que te enamoraras de mi cuando me vieras bailar a ojos cerrados, tendria los dedos doblados y el ultimo deseo para ti. Tenia todas las apuestas en ti, así que me arriesgue por las calles de 44 y 24, me deje en nervios expuestos y con intenciones claras. Te lo deje por escrito y en claro, en un modo que habría un universo de testigos del modo que mis navajas te acariciaban a tacto de pluma.
No podría ver forma a la que me podrías negar el haber sabido, haber sido ciego e incapaz de comprender que decía cada vez que te defendía a dolor de garganta. Se me seria imposible creer que tu te harías el boludo ante mis sentimientos por ti cuando fue lo que le siguió a tu: “Hola, ¿Quien sos?”
TA.
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