Eramos la diferencia lo que nos atrajo, corrección, me atrajo hacia el. De ahí fue una simple manipulación con obsesión que llevo al caótico nosotros. Tu eras espontáneo, que explotabas y bailabas en el fuego. Lo que los niños sueñan ser.
No eras fácil de querer, eras obvio. Y eso lo hizo desafiante, necesitaba negar que buscaba la manera que me hacías sentir. Negar que me caía como imbecil ante ti porque eras agua en sol, eras vida en las ultimas horas.
A ti te gustaba la discusión silenciosa la que uno llamaría la de culto. Eras de temperamento saltante y tenias una risa cortada entre las vocales. Eras una bondad corrupta a la cual el mundo ya no le tenia excusas y eras la mejor musa, lo que deseaba y mas. Fuiste tanto que acose esquinas con edificios, las plazas con palmeras y los hospitales. Eras lo suficiente porque me interesaba en escuchar y aprender de tu te de las diez y cinco a tu saltar mientras bailas. Como tu amar hacia los pericos con tu cantar en francés y no saber ingles. Eras de quien me memorice su cumpleaños por que una importancia tendría en todo.
Y ahora eres la razón por la que amo los números impares. Eras posesión del dragón solitario, y era que eras caliente mientras yo dormía. Eras el chasquear de los dedos que despertaba a la bestia, y no éramos compatibles ni en una en un billón.
Tu eras engreído, yo era narcisista, a ti te gustaban las manzanas verdes, a mi ni me gustaban los tomates. Eramos ridiculos y nos reíamos tres días muy tarde. Estábamos evolucionando por Olivos por que tenias sed de cerveza y yo quería sacar fotos de un viejo amor, uno mas dulce que tu. Sabíamos que éramos malvados y falsos, sin embargo estábamos en parques de Chacabuco y San Martin hablando sobre pasados sin búsquedas de repuesta. No diría cambio pero si crecimiento. Los dos venimos de corazones rotos, de promesas quebradas y fantasmas en nuestra piel. Los dos venimos de iguales y necesitábamos morir, necesitábamos sobrevivir. Tu querías respirar y poder hablar lento, decir la R en su nombre como si fuera el final del trabalenguas. Y yo quiero poder besarte una ultima vez y saber que es la falta de aliento.
Es que por ser opuestos nos necesitábamos desesperadamente para estallar y nacer. Nos demandábamos desde que el dijo izquierda y yo le dije que derecho.
Eramos los incorrectos entre un si y no, que nos hacíamos reír y los ojos nos brillaban en competencia de estrellas. Nos queríamos honestamente de dedos entrelazados y palabras sin arrepentimientos. En que éramos un sacrificio dulce de engaños y juegos.
TA.
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