Tenías los dedos fríos, la voz te temblaba y los autos estaban tocando bocina para que nos movieramos. Todo era demasiado y todo se resumía a tus ojos rojos que me miraban y prometian jamás darme el abandono que tenía mi nombre.
Ese sería el medio.
Mis labios estaban morados porque las uñas las había cubierto en curitas y los cigarrillos los había gastado en pulmones, vos estabas adelante, a mi costado y detrás.
Todo lo que creías saber se estaba destruyendo ante tus ojos, todo lo que habías negado se había vuelto en una pesadilla que no tenia despertar, todo era un dolor de nervio expuesto y tu querías confesarte conmigo.
Pero, entre la ciudad de los muertos y los árboles de verano te agarre entre mis brazos y te dije que podías huir a mi.
Ese sería el inicio.
Estábamos sentados, probablemente en algún lugar de Buenos Aires, hacía frío pero vos estabas sin buzo y yo estaba en shorts, el mundo estaba callado.
El fin del mundo era como ese año se llamaba, mi corazón estaba roto, alguien había muerto, alguien se había ido, algo dañino habías dicho.
Tu estabas con los labios cosidos, no decías lo que tu garganta te demandaba que explicaras, te quedabas de mi costado con el nervio de no saber qué hacer. Mis ojos temblaban, mis pulmones se agitaban, mi mente gritaba angustia pero ni una lágrima caía.
Tu aun estabas callado, con que no había autos, no había gente, no había vida, éramos dos extraños sin tener que explicarlo.
Ese sería el fin.
Ta.
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