Mi dedo queda trabado en el borrador, hoy no es un buen día para escribir (últimamente nunca lo es) se siente muy rutinario y demandante, como que ya no tiene el placer mío sino el de un fantasma que me hostiga a que escriba hasta que mis huesos tengan calambres.
Así que todos los escritos que pienso quedan en puntos suspensivos, porque siempre que deseo escucho el crujir de mi desesperación que vuelve en bronca el poder escribir y sé que hacer pero no quiero. Puesto que se ha vuelto tedioso, se ha vuelto una rueda que ha perdido su atractivo, y no digo renunciar, Dios jamás eso, tengo demasiada vida puesto en esto.
Es más que necesito esa distancia emocional que muchos han tomado de mí, necesito salir y recordar como es el aire sin tinta, como es el sol sin celular y mi voz sin el eco de las críticas. Necesito no odiar lo que me apasiona porque estoy vomitando cada vez que lo intento y no me gusta en lo que me convierte, no me gusta despreciar lo único bueno en mí.
Así que esto es un: “Dame tiempo que ya vuelvo” y “Me tomo cinco para almorzar y continuo este desastre”.
TA.
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