Es tan fácil que cualquiera puede serlo:
Vas con la remera con escote, los labios rojos, el pelo al viento, la mirada es un dedo del medio al sol, pero temes por los ojos que jamás se posan en los tuyos.
Sigues caminando con los shorts cortos cortos, que están a más de cinco dedos de la rodilla, que te dejan respirar la piel en verano, que te mataste de hambre, de gimnasia, de correr, de espejos para sentirte como se dice que deberías.
Sin embargo, sientes su mano en tu bolsillo aunque no hay nadie, sientes el peso de eso detrás de ti aunque mira al costado, sientes sus dedos rozar sin querer tu piel. Sigues caminando, tu pelo, es una coleta, luego en un rodete, después te lo cortas con una navaja porque hace calor y también porque no quieres un brazo extra de donde te pueden agarrar.
Los labios rojos ahora están de color de la piel, también tienen dos cruces porque no quieres hacer ruido y que el mundo note que sigues viva, pero también quieres hacer ruido y hacer que el mundo se dé cuenta de que estas viva.
Empiezan a llamarte loca e histérica, la mirada con el dedo del medio empieza a ser llamado grito de guerra, mantienes la espalda derecha aun cuando temes por esos ojos que nunca se mantienen en los tuyos, das pasos largos aun cuando tus dedos tiemblan por bajar un poco el short corto corto.
Las manos siguen, los ojos siguen, los comentarios son las bocinas, los chiflidos son los policías, las invitaciones son tus aliados, la inseguridad es genética.
Es fácil ser mujer cuando desde nacimiento se te ha enseñado a luchar por quien eres.
TA.
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