Hoy te deseo:
Que cuando te vayas a dormir sientas mi presencia cerca y digas mi nombre como si invocaras a Gabriel y, por lo tanto, que cuando sueñes todo sea en los colores que me veías.
Que cuando estés cruzando avenidas, que solo conoces por cafeterías, que creas verme en el reflejo de una librería que lleva más tiempo muerta, que vos, que yo y que todos, y que tus dedos fríos de otoño se estiren por tocar lo que el viento ya borro.
Que cuando estés entre amigos y la cerveza sea más fría que tu pecho sin tu corazón, y que mientras todos hablan, pero tú callas, que creas escuchar, que alguien me llama y de ahí tus ojos, que son la oscuridad de las supernovas, no puedan descansar hasta que jamás me encuentren
Que espero que estés en el temblar del celular y escribas y borres, escribas y borres, y escribas mi número que eliminaste de tu vida, pero que está tatuado entre las huellas digitales de todos tú no para mí, y que cuando mandes las disculpas mi silencio sea ensordecedor.
Que quiero que sepas que en mi cansancio y dolor hay más cariño del que jamás dije cuando tu cuerpo era tan cercano que era un pecado no besarlo (Padre he pecado).
Que cuando todos los deseos se hayan dado, las velas se hayan soplado, las estrellas se hayan apagado, tú saques el encendedor de bandera de Brasil y a ojos cerrados desees porque esta noche no seas el único con insomnio.
TA.
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