En la bañera con el cuchillo con filo, las luces están apagadas pero la luz aun entra.
La decisión esta en el frío del metal con el calor de la piel, y juras que sientes la sangre correr por tus venas.
Cierras los ojos.
Hay una satisfacción en que tienes una emoción, en que estas atemorizado y temblando, en que sientes. Los labios los debes tenerlos morados de morder, y es el gran redoble de tambores.
Debes inhalar para poder comenzar con la caída de la ultima cortina, será de segundos a minutos. Donde la mente tiene su ultima carta por jugar, el ultimo engaño del mago enfermo.
Con Miguel y Lucia, de la hermana de cinco años al desconocido en la calle, el dolor ya no es el de morir sino el que le sigue para los vivos.
Y el cuchillo sigue presionado en tu piel.
Sin embargo esta tu madre vestida de negro con tus hermanos hablando a la medianoche de que si les importaba. Esta tu amigo, que no tuvo palabras que te detuvieran, que se sienta en el borde de tu balcón en el sexto piso, están las lagrimas de tu única mascota. La persona que te gusto hablando en lamentos de vos, y están de negro en lagrimas, heridas en el alma y un paso de continuarte, son los que quisiste como te quisieron.
Y no tiemblas, no hay temor en tus huesos por el deslizar del cuchillo en el brazo derecho.
No obstante, con la neblina y el dormir de los músculos aun no llegas a tu izquierdo.
Al corazón.
Por que el amor, de extraños, de abusos, de tormentos, del amigo de los cinco años y el de un mes estarían destruidos en tu abandono.
Y los suicidas son valientes de ojos cerrados y una suplica oculta en sus labios por sus amores, pero somos cobardes que nos mordemos los labios con lagrimas mientras el izquierdo sangra.
T.A.
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