Todos de pie que debo hablar y quiero que me presten atención por la molestia de los dolores:
Quiero pedir perdón, quiero poner mi mano en el pecho y golpearme mientras pido disculpas porque jamas lo comprendí.
Me deje crecer con estos tonos de negro y ojos cerrados, me arrastre por las corrientes que me apetecían y quedaban cómodas para mis pertenecías. Me fui convirtiendo en este ser que no se reconocía en el espejo.
Pido perdón porque de chico me dijiste las reglas, me marcaste las diferencias, me explicaste que lo intentabas aun con las fallas y las trastabillas y me estabas dando tu vida a que yo fuera un ejemplo de mi futuro.
Me disculpo que me tomo veinticuatro años en darme cuenta que tarde los diez segundos de tu silencio para darte la espalda. Que me fue de modo accesible y oportuno el correr la voz de los errores y que te expulsara de mis relatos. Porque era anticuado e incomodo y la mentira estaba de moda en mis amigos.
Estoy en iglesias y sinagogas, en templos y vaticanos, en casas buscando al que me perdone que no vi lo que hacías. Que me quede con este engaño elegido entre mi especie de cerrar ojos y apuntar dedos. En que siento esta pena en mi esternón que no me hiere pero se siente decepcionado y eso me deja sin emociones.
Te pido perdón en que estuve equivocado, mis sacrificios nacieron de los tuyos, mis pisadas las di por que sacrificaste las tuyas. Y tus labios te los ha mordido por cada vez que he mentido.
Pido unas disculpas a que he fallado a mis propios ideales, creyéndome derecho y estrecho. Que sabia de la Y a la C que podia contar de 33 a 99. Pero me era incapaz de aceptar que había a quien agradecer.
Es que los tengo a todos de pie porque hemos cometido un grave error. Uno le diría el octavo pecado, hemos sido malcriados y erróneos, de tomar las cosas por sentado.
En que cerramos la garganta con excusas, los ojos con paisajes y las manos atadas.
En que pido perdón porque nunca te lo he dicho.
T.A.
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