Me saco a pasear como perro, no aulló a la soledad, más como que la alimentó con mis ojeras.
Me quedo con párpados cerrados pero mente que enloquece, por lo que me saco a correr todos los días a todas las horas para sentir ese cansancio que todas las noches se me escapa.
Intente los trucos de contar las ovejas pero creo que hasta ellas tienen sus límites y mis huesos jamas encuentran comodidad en las camas hechas de piedras.
Es que cierro los ojos y ruego a los ángeles que como correa me quiten el aire:
“Por favor den me estas seis horas de enganche donde pueda olvidar por un rato como se siente ser mi ángel.
Por favor den me el agotamiento de cien cuadras y permítanme dormir esta noche”
Ta.
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