miércoles, 10 de noviembre de 2021

Estábamos en un cementerio, que obviamente era una calle de La Boca, era verano que era primavera y era nuestro último año que era nuestro anteúltimo, y teníamos 20 pero nos creíamos de 17 y éramos todas las contradicciones que inicio este escrito. 

Porque dijimos promesas que los ojos llorosos jamás iban a cumplir, ya que tú eras demasiado cobarde donde yo era certero y yo era demasiado frío donde tu eras abrigo. 

Y no es que importara mucho donde estaba, aunque sí importaba que la ciudad estaba callada porque era un dia de semana, era tarde y tu te expusiste ante mi como si te estuviera haciendo la autopsia y me revelaste que todo lo que eres era una causa de abandono y traición. Y yo solo supe sostener tu mano y prometerte en mi juventud que mi daga jamás estaría en tu espalda. 

Porque tú eras plata y oro en lo que constituía mi vida, no eras amor apasionado pero sí que mantenías la llama prendida y tu querías manos entrelazadas donde yo esperaba abrazos, eramos una contradicción que nadie remarcaba porque mas les gustaba romantizarnos. 

Y es que estábamos en un cementerio cuando me quedé de brazos sueltos y te dije quien era sin ningún engaño. Con la voz bronca y los ojos cansados me deje ante ti como creyente ante altar ¿Y tu? Tú solo hablaste de otra persona mientras clavabas tu daga en mi espalda.

TA.


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