Ay, dulce misericordia, porque no vienes por mí que tanta vergüenza tengo al aire libre, que tu beso sería piedad. Porque no soy de los que tienen amor, sino de los que son pordioseros y lastimeros con él, soy de los que llaman y dan oportunidades que los vuelven la roca en el zapato.
Y ni yo me amaría si fuera mi reflejo, porque misericordia te ruego a tu santa vida, que me des la salvación de poder jugar la carta de la amnesia con cada vez que excuse la mala acción con agujeros de tela.
Y es que soy soy soy todo lo que me prohibí en mi juventud y ahora doy pena, ahora la eutanasia debería darme sus lágrimas y la tristeza darme su trabajo.
Porque en verdad misericordia, estoy acá de rodillas pidiendo clemencia, porque Diosito mío si soy una caradura de cara rota que debería dejar de tirarse tanto al piso, pero siempre fui tan desesperada por amor que me he hecho renunciar al que debería tener por mí.
TA.
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