Es de esos momentos en que nuestros dedos están jugando como con telaraña que no se atreven a tocar. La situación es delicada con que es de los instantes en que creamos la melodía que se escuchara en el día de nuestro funeral.
Es de esos momentos suaves en que tus ojos son del color de mi primer sueño y mi vocabulario se descompone en no encontrar la manera para llenar este minuto en que nuestros corazones están aullando porque suceda. Y es por eso que las manos de temblores de terremoto dejan de jugar a los asustados y empiezan a tomar posesión de la piel que saben que es su destino.
Este segundo es frágil y temible, pero es ahora en que debemos arriesgarnos por todo y decir: “Este latido ya lo he escuchado antes, esta voz ya la he escrito en otra vida y este instante es cuando te llamo mío.”
TA.
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