domingo, 8 de mayo de 2022

El pecado lo cometí cuando fingí por primera vez, 

la sonrisa la hice de mis nervios muertos, la frase la hice de mi voz hueca, el cuerpo de un corazón cortado y sé que ahí inició todo. Con el pretender de calma de tormenta que terminó dejándome a lo balsa a la deriva. 

Sin el apoyo moral que trajera la fuerza de las decisiones tomadas, ahora estoy así, con cada vez menos yo y cada vez más nada y todo es una risa irónica que ya ni tiene el dolor de hace una hora. 

Porque va demasiado rápido y me estoy ahogando en lo que he dicho para no traer caos, y ahora temo al iceberg que es de cuellos rotos y venas al aire. Puesto que así terminamos en el matadero, y sé que es mi propia culpa por mantener la lengua entre la cárcel de dientes. Pero jamás se me enseñó cómo hablar cuando lo que duele es uno mismo.


TA.

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