Narciso, Narciso,
Estoy haciendo las paces con las faltas en mi personalidad y me he dado cuenta del error en lo que nos pudo llegar a definir. Lo he comprendido tarde y a tiempo para que crezcamos de estas rupturas con oro.
No diría que soy lo peor que te pudo pasar aunque si debería admitir que soy de los románticos endemoniados. De aquellos que se hablan a las tres y media de la mañana, con tu segundo nombre y el nombre de la primer persona que rompió tu ser. Y que cuando falle fue por que mi amor nunca ha sido el correcto, es probable que es en mas de las 3000 faltas.
Y lo puedo entender, soy Frankenstein. Me adueño de mis maldiciones y complejo de Dios en la vida, porque en la oscuridad de la noche fría, en la soledad de mis frazadas y la tristeza de tardes de a uno pude comprender que queme nuestras venas antes de que se ataran y vivieran.
Es comprensible que el pecado original no se salto mi vida y me tomo los veinticuatro años para crecer y vernos sin el color púrpura en nosotros. Narciso no te explico que he crecido para pedirte perdón puesto que esta maldad es parte de mi. Ahora le estoy diciendo adios y aceptando la culpa inicial en nosotros.
El quiebre lo comencé antes de que me dijeras tu nombre fue con ojos vendados y manos engañadas.
Y ahora con sabiduría de conejo blanco he cerrado dos de las tres heridas que nos quedan.
Cuidate,
T.A.
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