Fue fácil, dar un paso y aterrizar sobre tus pies, tu nombre lo sé antes de que lo dijeras y nuestras manos se agarraban preparándonos para la caída. Encontramos la X y perdimos la ecuación pero aun así prevalecimos y por eso el destino nos odiaba.
Nunca dejamos de correr rápido y saltar puentes con la esperanza de atrapar una segunda o décima oportunidad.
Sabíamos cómo preparar nuestro té y beberlo con sabor a veneno, la puerta siempre estaba abierta y nunca nos despedimos porque habíamos hecho un juramento de sangre.
Fue fácil decir siguiente y saber que seríamos nosotros. El trabajo y la vida vinieron a separarnos, sin embargo escribimos y hablamos sobre la historia interminable de la tortuga que ganó la carrera.
Fuimos fáciles en hacer que pareciera así.
T.A.
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