martes, 3 de diciembre de 2019

Buenas intenciones


La repuesta seria la mas clásica y la mas simple. Aquella que ella murmuro en voz quebrada e hippo en su garganta, y la que pocos le llegaron a creer. Pero por la cual todos sintieron su dolor y compartieron pena por la joven, era muy fácil su repuesta. Una tradición entre esta gente, y una que proclamaba todo inocente, aun cuando quizás ella no lo fuera.
Por que todo había pasado demasiado rápido, en un momento eran las ocho de la mañana y tenia el día por delante. Con los horarios ordenados aunque fuera verano y ese sol caliente la tentara en dormir un rato mas, en disfrutar el arrastrar de las horas y poder descansar. Tenia todas las oportunidades ahi, sin ningún apuro, no obstante su día empezó a las ocho. 
Y algunos ya estaban debatiendo si quizás, si hubiera elegido otras horas mas de sueño, si hubiera disfrutado el verano, la repuesta de ella seria diferente. Pero bueno, su trabajo al fin del día no era discutir tales posibilidades, por lo que ella continuo, con su estirar, su trotar, su jugo de naranja de la mañana, el alimento para canarios y el del gato 
(¿Y es que no había una advertencia ya ahi?) 
Se fue moviendo sin ver el reloj por que ya sabia todo de memoria, era el día de cuarenta y cinco minutos en la ducha porque era mas dedicación a la piel y mas tiempo al pelo. El momento donde tenia una hora para desayunar aunque le dedicaba solo unos quince minutos, y ellos querían evitar el bostezo no obstante era una joven de veinte años con una vida en normas y pasos a seguir y un verano muerto. Y aquí decidían que no, no había posibilidades para evitar la repuesta, solo que la repuesta sonaba mas hueca y falsa.
Y ella lo intentaba, en vender mejor la historia, en que creyeran sus lagrimas y que su respiración era asustada y nerviosa y no una actuación. Sin embargo sus ojos no la veían y sus oídos se habían tapado y sus razones ya no servían, aunque ella persevero y siguió relatando. 
Tenia que levantar la voz y llegar al momento, de manos en la muñeca, la voz levantada y los pelos de punta, en el vacío en el estomago y los pies de cemento. Así hacerles comprender de que no era un miedo irracional, era con uno con el que se vivía y se sabia. Del que por tiempo se había olvidado, por que estaba todo tranquilo, mejor, y era verano. 
Ellos aun no escuchaban.
Se relamió los labios y oculto sus manos que se retorcían en sus piernas, aun estaban del color de óxido y se pegaban a su piel, se sentían congeladas y duras. Si las veía por demasiado tiempo ella lo recordaría, en flashes, gritos, el suplicio de: 
“No, por favor no, para, detente, basta” 
Si veía las manos por demasiado tiempo todo volvía a ella y cerraría los ojos hasta que escuchara el tap tap de la lapicera golpeando a la mesa y los ojos aburridos de ellos que aun estaban ahi hasta que ella terminara. Para grabar lo que ella denunciaba que era la verdad pero que ellos ya no creían, y ella quería gritar injusticia y maldad, y ¿Por que ella? Demandar un cambio y ayuda, aunque sabia que era en vano y solo se mordió el labio y continuo.
El almuerzo fue pacifico, frutas, con la aparición unos minutos antes. Justo cuando ella se estaba sentando, de ahi uno diría que los eventos se desarrollaron pero no, de ahi los eventos solo se despertaron, con acusaciones, y golpes a la mesa. Escupidas de palabras y platos rotos, con las pisadas fuertes en el piso y las puertas cerradas con traba, ahi fue el inicio, y una advertencia. 
¿Y los vecinos? ¿Los amigos? ¿La familia? 
No se podia decir que todos eran ciegos o sordos, que nadie los escuchaba a las dos de la mañana, que no notaban el respirar roto y el agarrar de las costillas, en el asombro de los cumplidos y el encorvamiento de la espalda. Nadie podia negar saberlo y sin embargo nadie había dicho nada, y ahora ahi podríamos apuntar el inicio, la culpa, pero ellos solo fueron gente con culpa moral. Sin forma de acusar y ella era el resultado de ello, los hechos de ese día era la consecuencia de su silencio y ahora a sus amigos, vecinos y familiares les quedaba suplicar y excusar con falsas palabras y bocas llenas de telarañas.
Fueron cinco horas mas tarde, con la música a toda volumen, el vibrar de las ventanas y una mezcla de alcoholes, el dormir de los demonios y el pensar de la seguridad. Es ahi en que verdad todo sucedió y ella ya llevaba tres horas con ellos en esa habitación contándoles todo, respondiendo sus preguntas, dejando en claro, como es que se desarrollo tan rápido. Un crujir en una madera del comedor, el vaso que se cayo de la mesa, el pelo tirado de las puntas y un grito que la mano ahogo.
Ahi ella lloro, tapo su boca con las manos ensangrentadas y ahora su labio tenia sabor a cobre y culpa. Ahora sus lagrimas eran de un color rosa apagado, y los hombres la miraban, aun aburridos sin embargo tuvieron pena y le dieron un pañuelo el cual agradeció y utilizo. 
Se tomaron cinco, para respirar para estirar las piernas, y ella respiro, estiro las manos en las piernas y miro a la pared gris. No queriendo cerrar los ojos, espero hasta que volvieran con una taza de te caliente y prosiguieron. 
Podría decir que no hubo una planificación, fue demasiado brusco, demasiado violento y rápido, eso es la clave en todo. Fue demasiado. Un momento había crujir en las paredes, gemidos y suplicas de por favor con perdón, había sangre en los pisos y las manos que intentaban alejar. Había un brillo de temor en los ojos y un placer en eso, había una desgracia en todo, y fueron palabras con malicia y locura. 
Las luces azul y rojo, el grito de la gente, la puerta tirada abajo, el gato maullando y el canario volando por la casa, la música vibrando en las puertas y en la casa, y estaban en las escaleras.  Ella agarraba la taza mas fuerte, las manos transpiraban, y a dos escalones, es que se detuvo, la rapidez de la situación, con un grito ahogado, el sonido de un animal herido, el silencio en la respiración de todos y el simple clac del caer de un cuchillo. Y había terminado.  Con luces, policía en la casa y ella parada al lado del cuerpo. 
El relato estaba completo, había contado de inicio a fin, y ellos estaban en silencio, ella los miraba, tomaba lo ultimo del te, esperando, manteniendo su repuesta. Uno de ellos suspiro se fue a la puerta la golpeo, se abrió, le pasaron unas fotos y volvió. 
Tiro las fotos en la mesa con unas declaraciones y ella lo vio todo, no en flashes, no en sus palabras, no en su memoria, sino en esas fotos y papeles. En los moretones de su cuerpo, en la sangre en su ropa y los ojos celestes que estaban vacíos, ella acariciaba esa ultima foto. Donde los ojos miraban al techo, donde estaban perdido y aun con rastros de dolor y temor, aun con desesperación. 
Sus dedos se arrastraban por su cara, mientras leía las declaraciones, saltando de las palabras de: violencia, posesiva, celos, malicia, abuso, dolor, tóxico y culpa. Todos con culpa, los inmundos todos pidiendo perdón al final de su declaración, con un típico de: “Oh, Dios, ¿Que he hecho?” 
Y nadie les podia responder eso. Ella se perdía en ver la cara de el, del vestido de ella con salpicaduras de sangre, de las puñaladas al estomago y corazón. Los cortes en su cara y sus brazos, de ver las fotos con sangre en la pared, de los moretones en las muñecas de el, y en verdad todo fue tan rápido. El queriendo huir, y ella no podia dejarlo, no. No tenia sentido, solo se enojo y fue rápido, un cuchillo en la cocina, las piernas moviendo, y golpeando y peleando, y la música. 
Y es que es la verdad cuando ella les vuelve a decir a ellos mientras se van que no fue su intención, aun acariciando la foto de sus ojos muertos con dolor y tristeza.


T.A.

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