domingo, 8 de diciembre de 2019

Letras


Su nombre empezaba con I y eso es todo lo que se necesita saber para comenzar. Conocernos fue simple lógica, fue olvidar como sucedió de simple, eramos demasiados distintos y similares para funcionar en forma que no fuera chispas y una maldad innata de ambas partes. 

A el le encantaba fumar durante la lluvia, y tenia algo pretencioso en su caminar que creía que atrapaba la desesperación del solitario, yo detestaba que hubiera un sentido en ello.
Mi nombre empezaba con T, me gustaba la lluvia por que era el momento que no había nadie y uno podia ser melancólico sin disculpas. 

Eramos distintos en las maneras básicas y eso lo notamos desde la primera ves que nos cruzamos. 

Si I fuera honesto me llamaría lamentablemente patético, de esos románticos derrotados por un primer amor fatal, diría que en mi había una sed de Marte. 
Tarado me llamaría mientras sonreiría porque hubo momentos, cuando los ojos estaban de vidrio y mis movimientos eran los de la pluma. 
El hablaría de que en los momentos que me permitía sonreír y disfrutar, de esos en que la mente se partía y lo dejaba maravillado con la complicación de mi existir, en esos el diría que seria Terrible. 

Y no fuimos, no estaba en nosotros escupir lo que nuestro corazón estaba sintiendo. 
Por lo que el baile fue mas complicado, dañino, y de ciego siguiendo al sordo. Eramos desastrosamente graciosos donde cuando aun contábamos con amigos que nos pegaran en la nuca por nuestros errores nosotros seguiamos encontrando la salida pero jamas a nosotros. E I estaba a una pared, a un eco de mi voz, a una pisada que era un rastro,  por el cual me observaba con duda y seriamos obvios por quince minutos. 

Si yo pudiera dejar el dolor correr diría que nunca lo ame. 

Dios eso es horriblemente peligroso y de una vez cada cien años. 
Explicaría que el me encanto por que me enseño a reír, me dijo que era fácil con un paso a la izquierda y otro a la derecha. Me ayudo en superar y creer en otras oportunidades, para mi era Increíble en las épocas oscuras. 
Quizás hubieron tres a cinco sonrisas tristes porque sabia que tenia este veneno, esta ceguera donde me dejaba mal parado. Y sabia que en realidad éramos estrellas paralelas y quizás sabia que seria Imposible. 

Nos veíamos a las noches, era los pocos horarios que tenia y los descubrí tarde. 
Lo tenia en las veredas, con mis amigos distanciados y estaría en busca de unos ojos cerrados mientras el estaría entre miles y encontrado con el centro en el. 
Era terriblemente joven con la rebeldía en sus venas, estaba hablando esperando que alguien lo escuchara. Era en esos momentos que nos conocíamos. El con la insistencia de sus preguntas y sus sonrisas derechas, el que no se detenía.

Y el Temor que corría  por mi era el que los ciervos compartían.

El no decía T, no era de utilizar mucho mi nombre luego de que lo saboreo y sonrió todo dientes. El me llamaba como dueño a mascota perdida y no encontraba la forma de ofenderme cuando yo a el le decía I todo el tiempo. 
Se me era imposible de que no se mostrara en mis acciones y con todo abierto. Pero, no equivoquemos, era seis veces mas malvado que el. 
Con que lo despreciaba mas de lo que podia ser permitido por ser querido. Por que era frío que dejaba sus dedos negros y nunca me salió bien explicar con hablar cuando el me entorpecía la lengua.

Nos empezamos a enredar, dejando de respetar horarios y el en la luz naranja del sol se veía lo mas cercano a felicidad. Con los ojos cansados y los labios quemados. Estaría buscando el quemar del sol por tener unas tres a diez horas de ojos abiertos. El tenia su Itenerario, mientras que yo era un Trastabillo.

En las esquinas de Callao estaba buscando zapatillas y yo me había dejado caminar entre treinta y cincuenta cuadras. Por que los edificios eran altos y alguien debía tenerlos en su memoria para relatar del ladrillo en los dedos y las bocinas que resonaban de norte a sur. Nos quedábamos de treinta a una hora hablando de todo menos de lo que buscábamos decir en verdades. 

Y estaríamos en un banco, de esos de madera que antes solían ser verdes, y nadie les daba el permiso de jubilarse. Que I tiene el brazo doblado, el sol esta quemando los ojos a mi, y me dices todo lo que tenias oculto. Lo describes como si fuera un relato de antaño y uno de aquellos leído en los periódicos, me lo dices por que sabes que lo es Todo. No te respondo, nunca fui bueno para eso, para mi era lo Incomodo. Donde el era elocuente y terriblemente desgarrador, sin embargo yo seria Incapaz de poder respirar. 

El banco se volvería en una cruz de nosotros que no llegaríamos a superar, y el marcaría como final. Nos fuimos acortando, perdiendo en esta idea de que espacio era Ilusión y que éramos Infinitos. 

Las calles de su barrio para el nunca fueron conocidas, diría que tienen unos cuantos metros y mostraría que el sol dañaría sus ojos. También caminaría lo suficiente lento para ir perdiendo semáforos y me diría que nos habíamos perdido. 
Ahi diría que fue la ultima vez, en esas donde todo quedaba cerca de mi y tu. Donde sabia cada esquina con sus secretos y algo de valor había enterrado en calles muertas y renovadas. 

Había sido un Torpe en meter esperanza en calles que aun acosan a los débiles. 

En un momento nos dejamos de llamar I y T. Se empezó a volver cotidiano y nos olvidamos de ellos. 
En un pestañeo éramos letras incapaces de modular, las calles de lluvia eran horriblemente melancólicas sin el aroma a humo de fogata y las caminatas por sus calles se verían inconsolables. Estábamos destinando a dañarnos las membranas al exterminar de nuestras palabras. 

Irrevocablemente destinados a terminar.


T.A.


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