Y la lluvia era demasiado romántica para hacerme olvidar el modo que me hacías sentir. Me era imposible no pensar en el modo que me besabas y decías por siempre. Era saber que estabas pecando y aun me enamoraba.
La lluvia se trae con esa delicadeza de la cual me ahogo en la tristeza de La Plata los domingos a la mañana. Se trae el recordar que no me agarraste la mano y yo me canse de saltar demasiadas veces.
Me dejaba con la melancolía, de saber tu esencia, reírme contigo un rato. Y ser extraños por cinco minutos, y hablar de las estrellas un cacho.
T.A.
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